Las corridas de toros en Costa Rica tienen una larga historia que comenzó en la época colonial, cuando los españoles trajeron sus tradiciones taurinas al país. En sus primeros años, las corridas eran celebradas como parte de las festividades religiosas y civiles. Las plazas de toros se construían de manera improvisada, y la actividad se llevaba a cabo principalmente en las principales ciudades del país. En ese entonces, las corridas no solo eran un espectáculo, sino también una manifestación de poder y prestigio social.
A lo largo del tiempo, las corridas de toros en Costa Rica fueron adaptándose a las costumbres y gustos locales. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otros países, en Costa Rica no se ha mantenido el formato clásico de la corrida con matadores, banderilleros y toreros. En cambio, el evento más común es donde los toros son soltados en la plaza y los participantes, que no son profesionales, intentan sortearlos o controlarlos. Esto se convirtió en una tradición popular que atrae a miles de personas.
Aunque las corridas de toros eran un evento social importante en ciertas regiones del país, a finales del siglo XX y principios del XXI, comenzaron a generar controversia debido a la creciente preocupación por el bienestar animal. Activistas y defensores de los derechos de los animales comenzaron a oponerse a las corridas, argumentando que eran una forma de crueldad.
Esto llevó a que se introdujeran ciertas restricciones legales en los últimos años, como la prohibición de las corridas de toros con sangre.
En la actualidad, las corridas de toros siguen siendo un tema divisivo en la sociedad costarricense.